Cómo utilizar correctamente la expectativa.


¡La expectativa! Es algo así como cuando Carli lleva un tiempo sin subir entrada a ¡Muy Rocambolesco! Te preguntas, dios mío, debe estar preparando algo gordo, y quizá sí, o quizá solo esté hasta los huevetes de escribir en sus dos blogs y prefiere respirar aire fresco. Sea como sea, ya hemos dado una chupadita a la expectativa, y fue con mi reseña de Rec, la cual por supuesto recomiendo, reafirmo, y de paso, le podrá servir de introdusión no más para el tema al abordaje esta tarde.

Aprovecho la ocasión para decir que, si no te sale, arriba a la izquierda del careto del bebé, en la página principal, tienes una pestaña oculta que te lleva al archivo del blog, donde están todas mis entradas ordenadas por meses y por categorías... pero sssssh, es un secreto, amigo mío. No le digas esto a nadie o tendré que cortarte tu posesión más preciada.

En fin... la expectativa. ¿Qué es eso? No se come, no, te lo dice alguien que lo ha intentado. Tan solo es un recurso literario para enganchar al espectador e involucrarlo en lo que está leyendo, utilizando el miedo. Es evidente que donde más se explota es en las historias de terror, pero en realidad, se usa en todas partes. Se usa en las novelas policíacas, cuando el protagonista camina hacia su casa por una calle solitaria en la madrugada, y entonces una figura tapada gira la esquina, comienza a seguirle, y cada vez está más y más cerca. Se usa en los blogs amateurs de escritores fracasados, en el que un grupo llamado Los Creadores amenaza a ciertos personajes solo con la posibilidad de aparecer, y tenéis que leerlo aquí porque es muy bueno (empezad en 'Viejas glorias').

Bien, ahora que tienes una idea general sobre lo que es la expectativa, yo te enseño a utilizarla sin ningún sobrecoste, tan solo un laic y una suscripción.


¿Y por qué iba a usar yo eso, eh, pardillo?

No empezamos muy bien el taller si antes de empezar me insultas, ¿vale? Relájate un poco, que andas acelerade. Hitchcock dijo una vez:
"Imagínese a dos personas hablando en una habitación. De pronto, bajo la mesa estalla una bomba. Eso le ha sorprendido. Pero ahora imagine que, al comienzo de la conversación, la cámara enfoca bajo la mesa y usted ve una bomba con una cuenta atrás puesta en cinco minutos. Eso es suspense"
Hace dos años, yo era un verdadero creyente de que la sorpresa era la forma más efectiva de enganchar al lector, pero estaba muy equivocado. Hasta el momento en el que doy esa sorpresa, el lector por lo general ha comenzado a aburrirse y, al no entender muy bien lo que está pasando, probablemente deje la lectura. No solo eso: al aparecer la sorpresa de la nada, el lector podría pensar que me lo he sacado de la manga. Con el tiempo he comprobado que la manera más genuina de causar intriga en el lector es dándole toda la información, sobre todo cuando el protagonista podría cometer un acto violento o cuando podría recibirlo.


Por supuesto, he de aclarar, que hay que darle toda la información posible. Si el protagonista es un primera persona, o la cámara está enfocándole solo a él, no podríamos saber lo que otros hacen.

Si al suspense le añadimos un toque de terror, estamos creando expectativa, que literalmente es 'la previsión de un final de escena violento al que, además, tememos'. El 90% de las veces tendremos miedo porque el protagonista corre peligro de muerte, pero eso no es suficiente, porque una bomba también amenaza mortalmente al protagonista, y a una bomba no la tenemos miedo. Sabemos que puede dañar al protagonista, pero en sí, no es terrorífica, porque la entendemos. La amenaza debe dar miedo al propio lector o expectador, esa amenaza no debe ser una de la cual el espectador salga de ahí corriendo, debe ser una que, de estar ahí el lector/espectador, se encoja, se haga pequeño y no sepa qué hacer, o salga corriendo, sí, pero con caca en los pantalones.


Estoy seguro de que has ido a ver 'It' y te cagaste los pantalones con la escena del cuadro. Yo no sé qué hubiera hecho en esa escena, probablemente hubiera salido por patas desde el momento en el que lo vi vacío, pero créeme que no me sentiría bien, me sentiría pequeño, inseguro, y pensaría que la amenaza, por más que corra, no ha desaparecido. Eso es expectativa. Y cuando se escucha el sonidito, pues ya me decstruyo. En serio, 'It', en general, no da miedo, pero esa escena es un ejercicio magistral de expectativa.

¿Y dónde uso la expectativa?


Siempre no, tenlo claro. Una historia debe respirar, debe soltar aire... y coger aire, y cargar con todo, luego espirar, y reponer fuerzas... y así. Las escenas violentas, es decir, peleas, huidas, persecuciones, momentos de tensión que no explotan, etc., deben estar repartidas a lo largo de la trama, y si pones muchas de ellas seguidas, el lectorexpectador se acaba inmunizando. Si no, mira la saga Transformers... actualmente, solo interesa a los niños rata que aún lo flipan con explosiones.

Y, entre esas escenas violentas, usarla siempre también sería un error. Tú imagínate, ir generando tensión, ir dando pistas de que la cosa va a ir mal de un momento a otro, y encima, una situación que acojona, bien sea por fantasmas, zombis o una banda de zumbaos que te está siguiendo. Y siempre, siempre, la situación se resuelve de la misma manera... No mola, ¿verdad? Habrá veces que la tensión no acabe en nada, y el protagonista se libre, otras en las que la cague, y cuando la cague, a veces huirá, a veces se enfrentará al problema y a veces el problema podrá con él. Y la expectativa, entre todas estas posibilidades, solo sería realmente aquellas en las que el prota la cagase y acabase la escena de forma violenta. Si la tensión no se pincha, es eso, tensión. Suspense no suele ser, porque para generar suspense el lectorexpectador debe conocer a la amenaza, y en las historias de terror se suele escuchar a la amenaza, se suele sentir su presencia, pero no se suele mostrar.

Además, habrá veces que una sorpresa así por las buenas justificada dará oxígeno a la trama entre expectativa y expectativa, y recuerda que esta es solo una de tres herramientas usadas para generar miedo.

¿Y cómo no la cago al usarla?

Así.

Usarla bien es, en realidad, muy fácil. Como escritor, sabes de sobra lo que va a pasar en la historia. Por supuesto, ocurrirá que te pongas a escribir y al estar más metido en la historia, vayas haciendo pequeñas modificaciones según la escribes, pero no me refiero a eso. Si el enemigo de una historia son los espíritus que moran en una casa en la que han encerrado al protagonista, el escritor lo sabe. Y usará las diferentes herramientas para crear miedo y confundir al lectorexpectador, pero el escritor, en última instancia, conoce las reglas de su amenaza.

Por supuesto, estas reglas no deben ser completamente respondidas, porque al conocer algo, dejamos de tenerle miedo, y si no, piensa en el Joker de Jack Nicholson frente al Joker de Heath Ledger. Ambos dos grandes personajes, pero el de Ledger da más miedo porque no le conocemos, porque las dos únicas cosas que dice sobre él son incompatibles.


Al ser tú el que define las leyes del mundo que creas, puedes crear en poco tiempo una amenaza y una salida para el protagonista. Por ejemplo, nuestro protagonista se despierta en mitad de la noche y comienza a escuchar ruidos. Camina hasta el baño, porque le parece haber visto algo ahí, y en el baño, con una atmósfera creada, de ruidos característicos, de frío, de lo que quieras inventar, se mira en el espejo y en lugar de verse a sí mismo, ve un pasillo con un alguien muy malrollero al fondo. De pronto, el ente malrollero comienza a correr y pronto va a atravesar el espejo. Con esto, pinchas la burbuja que has generado desde que el protagonista se ha despertado, y toca huir y esconderse.

Pero vamos a subir la apuesta. Cerca del final de la historia, el protagonista debe atravesar por narices un pasillo si quiere salir de la casa, y en mitad de ese pasillo hay un espejo de cuerpo completo absolutamente ineludible. Conforme el protagonista avanza, comienza a sentir frío y comienza a escuchar una serie de ruidos característicos... te suenan, ¿verdad? Son los mismos que hemos usado antes. Literalmente, estamos condicionando al lectorexpectador para que no solo intuya que va a haber una amenaza la cual teme, sino que encima, sabe exactamente qué amenaza va a aparecer.

Algo parecido ocurre al final de la primera temporada de 'Stranger Things', cuando un persona comienza a decir "sangre, sangre, sangre". Quien lo haya visto, lo entenderá. No he seguido la serie, básicamente lo que podía ver mientras mi familia la veía, pero cuando ese momento ocurrió, supe lo que estaba pasando, y los que estaban en el sofá comenzaron a retorcerse de miedo por la anticipación. Cojonudo, estás haciendo expectativa y anticipación a la vez, eres une machote y has acojonado al personal, felicidades.


Básicamente, usarla bien significa cumplir. Volvamos a 'Rec'. Por si no la has visto, comentaré el tema de la misma forma que 'Stranger Things'. Al final de 'Rec', y hablo del final final, la tensión comienza siendo atmosférica, con los detalles del entorno. Después, comienza a ser histórica, cuando empiezas a enlazar y dar sentido a parte del todo. La tensión comienza a crecer, y te revientan la pompa una vez con una falsa alarma. Pero entonces, cuando estás más relajado, te hacen el 'Nonscope 360', te revientan la pompa de nuevo, esta vez bien, y comienza una recta final de tensión donde sí ves que la amenaza ha valido la pena de tanta espera y artimaña. Decir, por cierto, que en esa última recta final, la tensión comienza siendo atmosférica, luego histórica, y luego real con cierta silueta que me cago en su puta madre.

La amenaza debe ser merecedora de esa tensión, aunque haya una falsa alarma. Por cierto, aunque los directores de 'Rec' construyan la tensión primero por los elementos del entorno y luego hilándolos con la historia, puedes hacerlo al revés, aunque no tengo ninguna evidencia de que sea igual de efectivo, porque yo la tensión también la comienzo a construir por la atmósfera. Supongo que una buena manera de comenzar la construcción de la tensión mediante la historia sería con una revelación que haría que nos replanteásemos todo lo que hemos visto hasta ahora.

Esta imagen cambió la realidad de quienes vieron esta película.

Bien, Carli. ¿Y cómo no usarla? Por si acaso.

No seas Ironman 3. Sin spoilers, esta película comienza a crear tensión entre su héroe, Tony Stark, y el villano, El Mandarín. Digamos que esa tensión, más adelante, no se ve correspondida, que las intenciones iniciales resultan no ser las finales, es decir, el típico giro de guión 'que no te lo esperas', solo que esta vez implica timar al espectador. Yo, como no lector de cómics, me sentí confundido, tenía un 'y esto pa qué' que no podía quitármelo de la cara, y por lo que vi después, los lectores de cómics directamente se sintieron muy defraudados con Marvel.

Lo sé, sé que no es un caso de expectativa como tal, porque miedo no es lo que has sentido en la película, pero el ejemplo sirve, porque como en cualquier construcción de tensión, la amenaza debe ser proporcional a la tensión que ha generado, siempre, y lo que cueste huir de ella o vencerla, debe también ser proporcional a esta tensión. Pongamos el ejemplo de que en la casa encantada que llevo trabajando en este taller, el protagonista está esperando una amenaza inminente, y cuando se descubre, solo resulta ser un gato. La tensión no se construye más a partir de ahí, ha sido un gato y después de esto tenemos unas escenas para coger aire. Para empezar, no hay que abusar de estas escenas, y con abusar me refiero a no usarla dos veces. Y aunque pudiera parecer que la amenaza no se ha correspondido con el producto, recuerda que el protagonista estaba esperando una gran amenaza, que luego ha resultado no ser. Pero cuando sea, que estoy seguro de que en algún momento saldrá, debe cumplir.


En otras palabras: el hecho de que haya resultado no ser la amenaza, no le resta poder. Cuando lo sea, tendrá que ser merecedora de toda la tensión que ha recaído sobre ella.

Y sí, hay excepciones.

No obstante, no te voy a engañar, todas las excepciones que conozco corresponden a géneros que no son el terror. Al principio expliqué que novelas de otros géneros han abordado momentos de expectativa con miedo y todo, como por ejemplo la novela de aventura juvenil 'El Príncipe de la Niebla', y son estas las que se pueden permitir excepciones.

Normalmente, estas excepciones causan risa, no estoy bromeando. Esa tensión que se ha ido generando se tiene que ir de alguna manera, y si la burbuja se pincha y no da miedo, solemos reírnos como pardillos. Así que voy a explicar esta excepción con un ejemplo que no la representa: si el prota de nuestra historia, la de la casa, se pone en tensión porque escucha ruidos sospechosos en la casa, a oscuras, y cuando enciende resulta ser su marido, que le ha preparado una fiesta sorpresa con los amigos... recuerdo, la amenaza no ha desaparecido, la amenaza sigue ahí y es seria, esta escena no nos causa risa. Así que yo hablo de esas veces en la que toda la tensión se han malgastado en un malentendido que ni de coña la merecía, como si hubieran creído que hay un fantasma cuando en realidad es un viejo cojo y ciego que se ha enganchado con una manta.

Pongo un ejemplo real, 'El Emperador y sus Locuras'. Quien no la haya visto, que no vea el vídeo... aunque qué demonios. El título y la miniatura en sí son spoilers. Que le den, es muy vieja. Y siento el doblaje latino, sé que le va a doler a más de uno.


Así, las historias de otro género pueden jugar a meter la puntita en el terror y luego decir
"No, no, no, no, no, no... (bueno sí)" «Carme Forcadell»

A no ser que estés creando una historia de miedo orgánica, en la que el terror sea el elemento principal pero vaya seguido de cerca por otros. Es decir, una historia de miedo que, pese a dar miedo, se centre más en ser completa. Ahí puedes hacer lo que quieras, siempre y cuando la amenaza final merezca las veces que sí ha habido tensión. Por ejemplo, 'It'.

Muchos besis y que os cunda. Yo hoy tengo el día completito y no sé cuándo voy a ver 'La Cuarta Fase', reseña para mañana, en la que veremos otra herramienta de hacer terror: el terror psicológico.

NO ES UNA LECHUZA.

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