Película: El Viaje de Chihiro.


Esta película tiene un título la mar de curioso. Lo cierto es que yo, acostumbrado a la funcionalidad occidental, entiendo que un viaje es un viaje, ir de un punto A a un punto B, y que ese viaje es por algo y pasan cosas en él. Sin embargo, aunque podría decirse que está película sí que tiene dos pequeños viajes, el título no habla de esos viajes, sino de uno mental.

Así que, cuando hablamos de "el viaje" de Chihiro, en realidad hablamos de "la evolución", o mejor dicho, de "el viaje mental" de Chihiro, que no es lo mismo. Y digo esto para que, si decides ver esta película a partir de ahora, no esperes un viaje a Mordor desde La Comarca, como me esperaba yo, y así puedas afrontar esta película de forma más abierta.


De hecho, lo mejor es que veas esta película sin que sepas ni de qué va, y viendo las menos imágenes posibles. Ábrete a ella, explórala, deja que esta película te muestre la cantidad de imaginación que tiene para ofrecer. Si tuviera que compararla con un videojuego, sería 'Super Mario Odyssey', de lleno, porque aunque la trama es lineal y te va conduciendo por ella, lo importante no es lo que ocurre, sino la riqueza de los pequeños momentos y de su universo.

Esta reseña no tiene espoilers sobre la película, y por decir, no voy a decir absolutamente nada sobre su trama: vas a tener que averiguarlo tú. ¡Ni siquiera pienso colocar un fotograma de la película con el mínimo espoiler! ¿La recomiendo? Pues claro que sí, y ahora te voy a explicar por qué.

Una historia que solo los japoneses podrían contar.


Es el minuto once de la película y aún no ha arrancado.
Es normal,
pienso yo, pero me extraña mucho que aún ni pueda intuir por dónde van a ir los tiros de la historia. Es el minuto doce y la trama ha aparecido de pronto, cabúm, no sabes qué ocurre pero ya te lo han lanzado en la cara, la película ha empezado, despierta, plas, despierta.

Los japoneses son expertos a la hora de presentarte universos ficticios. No hablo sobre los autores de mangas juveniles, los cuales considero, a la mayoría de ellos, escritores muy mejorables. Yo hablo sobre los autores más destacados. Ya sabía yo sobre su fama a la hora de crear atmósferas, pero nunca había leído un libro suyo ni visto ninguna película. Bueno, pues sí, es cierto. Bien sea de forma sutil y poco a poco, como en 'El Castillo Ambulante', o bien sea de golpe y porrazo, sus universos son ricos, están vivos, son pequeños, pero preciosos, y están repletos de elementos que para mí son fuente de inspiración.

La vemos así...

... y más tarde, así.

Algo que a los japoneses también les gusta hacer, al parecer, es desmitificar a sus personajes. En occidente, un personaje representa una idea. Los personajes más importantes son una idea inicial y una idea final, después de evolucionar. Por ejemplo, Sarah Connor, en Terminator, es la idea inicial de una chica normal y corriente, y la idea final de una mujer dura, superviviente y luchadora. Los personajes del Estudio Ghibli son también una idea, que muestran de forma muy poderosa al principio, y poco a poco van difuminando esa idea, hasta que en el final vemos la idea final, es decir, vemos esa evolución, envuelta en un halo de difuminación.

Así, los personajes malvados pueden acabar siendo malvados, pero en el proceso les has visto cuidando de algo que quieren, o cayendo a un pozo de barro y poniéndose perdidos. Sí, podrá seguir siendo malo, pero no puedes evitar sentir cierta empatía por él. Howl, personaje de 'El Castillo Ambulante', empieza siendo un tío guay y decidido que, tras esa máscara, vemos que en el fondo está repleto de drama e inseguridades. Y cuando al final de la película cambia, lo hace arrastrando toda esa capa de humanidad, que hace que la enseñanza final no sea tan clara y tengamos que interpretarla nosotros mismos. Así que, por un lado, su arte pierde fuerza, y por otro, se convierte en un arte más puro.


Otra cosa que a las historias japonesas parece gustarles mucho es la idea de que para que haya una transformación mental, a veces es necesaria una transformación física. Esta idea ya la hemos visto en 'El Castillo Ambulante', y en esta se repite, aunque pienso que de una forma más sutil y efectiva. En realidad, a su manera, esto tiene mucho sentido. Si nuestra posición en la vida no cambia, nosotros no cambiaremos, porque solemos hacerlos única y exclusivamente para adaptarnos. Hay veces que algunos personajes que queremos que cambien no deberían poder, porque su posición es sólida, pero aprovechando que estamos en una película de fantasía, podemos cambiarles de forma física y, radicalmente, su mundo se verá patas abajo.

Pero sin duda, algo que se repite a la hora de narrar una historia en este estudio de animación, es guiarse por los sentimientos y recrearse en ellos.

Sobre los sentimientos.


Uno de los aspectos que más critiqué en 'El Castillo Ambulante' es que la única brújula de su historia parecen ser los sentimientos de los personajes. En la vida real, esto sucede así, pero en una historia debemos crear objetivos para que el lectorespectador se sienta más comprometido con lo que sucede.

Aquí, sin embargo, parece haber un equilibrio. El objetivo de Chihiro está clarísimo desde el principio, y se nota que la mayoría de pasos que da los hace o bien para lograr su objetivo, o bien para ayudar a sus amigos. Teniendo una brújula clara de hacia dónde debemos dirigirnos, y viendo que los pasos que se dan nos están acercando poco a poco al objetivo, una historia puede perderse todo lo que quiera en los sentimientos.

Y sí, esta historia da vueltas algunas veces, pero no me sentí perdido en ningún momento. A veces ocurren algunas escenas largas en las que no sabes bien en qué ayudan en el desarrollo de la trama, pero al final, siempre se acaba viendo por qué. Ojo, siempre de forma sutil: no te esperes ninguna línea de exposición que te lance a la cara lo que está ocurriendo...


Por lo general, lo importante se pilla de forma simple, y luego, hay pequeños detalles y metáforas secundarias que, en caso de no entenderlas, no molestan, y si se entienden, ayudan a enriquecer mucho a la historia, como el "momento pestilente", el cual es una denuncia a la rápida y radical evolución que ha vivido Japón, que de ser una de las culturas más respetuosas con el medio ambiente, ha pasado a convertirse en una gigantesca urbe que convive de forma contradictoria con la cultura de la naturaleza que aún conservan.

Esto último, si se pilla, genial, y si no se pilla, no pasa nada, porque esa escena acaba construyendo a la trama y nos sigue acercando al final.

El arte y la música.


No quiero extenderme mucho aquí, porque hay canales de Youtube como Jaime Altozano que pueden decir muchas más cosas sobre la música. Y, si conoces algún canal que pueda hablarme sobre el arte de las películas, cómics o de arte general, canal que estoy buscando con urgencia, por favor, pónmelo en un comentario abajo o pásamelo por tuiter, y me harás un gigantesco favor.

Pero vamos, el arte y la música son alucinantes. Todo el universo, pese no ser grande, me deja queriendo saber más de él, y me deja con la curiosidad muy, muy picada. Y respecto a la música... qué decir. Esta no es tan alucinante como la de 'El Castillo Ambulante', así que para mí es mejor. La banda sonora en la que te fijas más que en la película, en mi opinión, no es buena banda sonora. Ahora mismo solo sabría tararear dos de sus melodías (la del principio y la del final), y sin embargo, jamás sentí carencia de música, ni que chocara con lo que estaba sintiendo, y por lo general, tengo un recuerdo muy bueno de ella.

¿Quieres saber más? Cuando acabes esta reseña, mírate este vídeo. Es muy interesante, y de mano de uno de los mejores yutubers españoles que existen hoy en día:


Cultura en los actos, no en las palabras.


Una de las mayores críticas que siempre tendré hacia el anime es que no importa que los personajes hablen sobre lo inseguros que son y sobre lo que deben cambiar, si ello no está secundado por acciones, porque por desgracia, los personajes de anime hablan mucho y actúan más bien poco. No importa las veces que yo te diga que no te haré la cena, si un minuto después te la estoy haciendo, ¿verdad? No importa que a Pepito le guste el fútbol si nunca le vemos practicarlo, y no importa que dos hermanos sean muy diferentes y no paren de discutir si, a la hora de actuar, no tienen personalidad. Hasta ahora, y educado por las mediocres series de animes que todos parecéis disfrutar, creía que un japonés caracterizaba a sus personajes según la clase de inseguridades que tenían, y nada más. Estaba el niño pequeño y tímido, la chica dura que no para de gritar, el protagonista de "si no me queda otra, tendré que hacerlo"...

Si tuviera que definir a la cultura occidental por las acciones que cometen sus personajes, diría que nos sentimos libres y oprimidos al mismo tiempo, en un sistema que si bien no nos pone demasiadas reglas, nos impide alcanzar nuestros sueños. Vemos el cielo, pero no podemos tocarlo. Concebimos el mundo en blanco y negro, y, según nosotros, lo único que puede redimir las malas acciones de una persona es un sacrificio, sea del tipo que sea. Por eso, Vader paga su moneda hacia la bondad con la muerte. Si hubiera salido ileso de su acto final, no hubiera pasado nada, porque lo que hace es en sí una moneda de peso, pero cuando muere, su acto cobra todo el significado.


Entonces, si tuviera que definir a la cultura oriental por las acciones que cometen sus personajes en esta película, se nota que es mucho más rica y mística que la nuestra, de nuevo, es más frágil y menos funcional, pero probablemente un oriental alcance un sentido de la vida mucho más intenso que nosotros, porque para él la vida es un río que fluye, es algo mucho más personal, y le lleva a tener sentimientos más intensos hacia ella.


Prueba de ello es la animación de los objetos. Los japoneses creen que las almas de los humanos viven en los lugares y objetos, antes incluso de que mueran, pues su influencia como vivos, su aura, ya les ha afectado. Por esto, la primera reacción de Chihiro cuando se encuentra con un farol que camina es saludarlo, y, además, el comportamiento del Sincara cambia según el lugar que habita, entiendendo al Sincara como un alma vacía e influenciable. Por eso, de igual manera, se comporta así con Chihiro: porque da lo que recibe del aura de las personas.

Y algo también muy destacable es la creencia oriental de que el alma humana es pura. Quizá me esté lanzando a la piscina con esta afirmación, pero es algo que he visto tanto en 'El Castillo Ambulante' como aquí, y aquí lo he visto de forma cristalina. Para ellos, el perdón no requiere de sacrificio, y a veces, ni siquiera de un arrepentimiento de quien se ha comportado mal: la protagonista, en ambas películas, acoge a quien le ha dañado de forma natural, y son estos seres malvados los que se influencian por la bondad de la protagonista, algo que también vemos en el videojuego 'Ori and the Blind Forest', el cual debes jugar.


Sí, son las acciones de dos protagonistas, pero recuerda que los protagonistas de nuestras historias, al menos en las convencionales, como es el caso, son el reflejo del ideal de nosotros mismos. Y si para nosotros el ideal es una persona que jamás se rinde ante la adversidad y logra derrotar a su villano y con ello hacer el bien, para un japonés el ideal es una persona que jamás se rinde ante la adversidad y logra inspirar a los que le rodean, y con ello hacer el bien. La victoria, en el caso oriental, tiene un significado más de conjunto, lo cual pienso que es más puro, sinceramente.

'El Viaje de Chihiro', o la importancia de la identidad.


No es la primera vez que hemos visto esta idea, ¿sabes?
"¿Quién soy yo? Soy Jean Valjean. ¿Quién soy yo? ¡Dos tres seis dos tres!".
"¿Quién soy yo? ¡Yo soy Moana!"
"Soy Luke Skywalker, hijo de mi padre, un jedi, como mi padre antes que yo".
"Soy Aragorn, hijo de Arathorn, heredero de Isildur".
"Soy Íñigo Montoya. Tú mataste a mi padre. Préparate a morir". 
Creo que hay suficiente, por ahora. Esta historia es una historia sobre un viaje, uno mental, y sobre la inspiración que pueden inspirar tus actos. Pero el motor de todo ello es la identidad, es quién eres, y prueba de ello es que la primera y la última palabra que escuchamos en la película es 'Chihiro'. Los personajes comienzan a actuar de forma decidida desde el momento en el que saben su nombre, un nombre que han olvidado al pagar un contrato... el de vivir en sociedad.

La sociedad solo quiere a seres útiles, por eso debes trabajar. Pero trabajar y vivir en sociedad te muele, y te consume los sueños poco a poco, no es que te consuma los sueños literalmente, es que consume a ti. ¿Quién ha sido él mismo y no ha recibido burlas o críticas? Yo he recibido muchas a lo largo de mi vida. Siempre he llevado el pelo de punta, y estos últimos meses me ha apetecido cambiar de aires a un peinado mucho más a la moda ¡y no paro de recibir elogios y piropos!


No es fácil ser uno mismo, y mucho menos recordar quién eres después de haberlo olvidado. A veces olvidar parece lo más sencillo, o al menos a corta distancia es lo más sano, pero luego pasa el tiempo y... ¿por qué vas a luchar, si no sabes ni lo que quieres? Esta película habla sobre esto. Sobre quiénes somos, sobre quiénes queremos ser, y sobre lo que queremos conseguir. Es todo un mensaje adornado con un buen arte, con una buena historia y es, en general, una película que recomiendo a todo el mundo de todas las edades.

Cuando estamos mal, todo parece negro, viscoso y sucio. A veces hacen falta un buen baño de hierbas y una hoja con tu nombre para no perder el norte. Nunca tenemos que olvidar que aunque todo fuera sea negro, dentro siempre habrá un destello que nos iluminará el camino, y ese destello, la luz, somos nosotros.

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