Serie: The Boys.
Hoy no sólo vengo a valorar qué me parece, sino también a aportar algo de contexto para el que aún no lo tenga, porque ese contexto explica muchas cosas. Pero, sólo por ser muy simpático (y, según mi vecina de 95 años, bastante sexy), no diré ni un chiquitajo espóiler porque no hace puta falta. Nada, desempolva ese bate de béisbol con pinchos, la chaqueta ska y la pulserita de Tous, y vamos a dar contundentemente en todos los puntos importantes a una de las series más transformadas en meme de los últimos 5000 años, o quizá más, como desde el nacimiento de tu puta madre.
Ahora puede parecer que las series muchi-millonarias han estado toda la vida,
pero hasta anteayer como aquel que dice habían sido la hermana fea y paralítica del cine. ¿Recuerdas
Smallville, Anatomía de Grey o
Gloryhole Adventures los Power Rangers? Antes todo era muy cutre, se debía hacer lo
máximo posible con el presupuesto de tu compra en el súper, y los
efectos digitales no estaban muy estandarizados. Hoy en día, y contando con un
presupuesto enorme (15 milloncejos por episodio), cada temporada de The Boys ha costado menos de la mitad que una peli equivalente en el cine, durando 3 veces más, así que echa
cuentas. Puede permitirse escenas chulas y decorados de buen nivel, pero es
inevitable que tenga capítulos de "relleno" donde los protagonistas den
vueltas a problemas que no requieren de mucha complicación, o la solución es
una mucho más barata que una peleíta to wapa con efectos por
todas partes. Quien sabe un mínimo cómo funciona un rodaje, puede captar
rápido de esa aura artesanal de las series de antes cómo ha sido grabar entre sus bambalinas, al tiempo que está viendo una muy buena producción, y eso me gusta, pero no es
precisamente la fantasía de poder ultra inmersiva que muchos necesitan.
Con una dirección decente y una cinematografía que te consigue alguna que otra imagen chula, lo peor, para mí, es el guion. No hablo de lo que ya te ha contado tu primo Josemari, el que ve un agujero de
guion en todas partes, sino de temas técnicos. Por ejemplo, en The Boys todos los
personajes dicen lo que sienten, así, de una, como si fueran sus propios
psicólogos, y sus arcos de personaje pegan trompicones. O lo que yo peor he llevado, que parece que al
acabar una temporada las cosas van a cambiar completamente, y luego el
primer capítulo de la siguiente te dice que las cosas han sido diferentes un tiempo, pero te lo vuelve a dejar todo como estaba.
Sí, lo capto, es una historia sobre superhéroes malvados cazados por simples
mortales, es ficticio, pero si ya de por sí un guion exige cierta coherencia respecto a
la realidad, imagínate uno que la quiere parodiar. Pero ojo, igual que
sus personajes son un poco estáticos en la práctica y hablan sin sutilezas,
su crítica, su parodia, es lo que mejor funciona y por lo que ha
calado a la gente. The Boys se plantea cómo funcionarían los
superhéroes en un contexto neocapitalista como el que tenemos hoy, sobre
todo en Disparos Unidos, donde, menos respirar (y dales tiempo), todo se
monetiza. Es una crítica feroz al capitalismo, los ricos, el fascismo y la
instrumentalización de cualquier idea o movimiento, como el LGTB, para ganar
pastuqui, y la crítica está muy bien montada, como en el parque temático
LGTB de Reina Maeve en un capítulo, aunque luego explote uno de sus trabajadores, las consecuencias
sean nulas y haya muerto sólo por el espectáculo. En general podríamos
hablar de la falta de consecuencias, pero con la nula memoria que tienen los
españoles con el PP, casi es hasta un punto positivo más que habla sobre su
realismo.
Pero, conociendo toda la base, es hora de hablar de lo que un youtuber de
poca monta habría puesto en el título de su vídeo: que la serie se echó a
perder desde que se volvió wouc. ¿Estamos tontos? ¡La serie siempre
fue wouc, pero wouc de verdad, haciendo verdadera crítica
a cualquier sistema de poder! Su crítica tenía matices y grises, estaba bien, pero al estallar la popularidad de la serie con la segunda temporada, los chicos jóvenes resentidos con mujeres, curiosamente de extrema derecha, obviaron cualquier lectura compleja del temario y empezaron a idolatrar en serio al Patriota/Homelander/Vengador pese a que es el villano obvio de la historia, yo qué sé por qué. Hay moscas muy perturbadas fuera, es algo que todo artista debe asumir, y volverte popular significa que olerán tu mierda.
Así, el director general de la serie, Eric Kripke, que debió dejar las cosas
como estaban y dejar que quien no quiere ver, siga ciego, empezó a aplicar
cambios en la tercera temporada, más explícitos, donde los protas, aunque
son unos capullos integrales, debían acabar cada temporada erigiéndose como
adalides de la moral para enseñar a esos patanes que idolatran al villano a quién deben idolatrar realmente. ¡Muy mal, Kripke! El trabajo de un artista es mostrar, no educar,
porque cuando abrimos las bocas de los espectadores para suministrarles
nuestra papilla, la van a vomitar. Lo único que consiguió fue dividir a la
audiencia exactamente igual que como se divide la población de la serie,
entre los tontísimos que votaron a Trump y los que tienen algo de sentido
común, al margen de lo capullos que sean. Porque sí, la serie va de Trump. Sorpresa. Y si la cosa ya va regular con la moralina, imagina si en la tercera temporada metes capas de profundidad y drama en los personajes que luego las 2 últimas temporadas no van a utilizar. La sensación de decadencia es doble, pero en realidad, mirándolo desde fuera, la calidad siempre fue la misma todo el rato y la sensación de profundidad fue sólo una sensación.
El resumen es que, igual que en The Last of Us y otras historias
con un mensaje claramente progresista, debían venir los de siempre a soltar
su aliento a huevos duros, resentidos porque otra superproducción, curiosamente financiada por Amazon, critica a las grandes empresas y a los que creen que el capitalismo funciona. Eso de que el arte no tiene que entrar en política lo dicen los que saben que van a salir escaldados, y aquí salen escaldados y con argumentos, pero obviamente no es para todo el mundo. Hay bastante sangre y tripas. Y su final está bien, no fue decepcionante, todo lo contrario, pero no dejó de sentirse como "otro
final más de temporada", faltándole algo de drama y pulido con algunos
aspectos secundarios de la historia, lo que me hizo reflexionar. Siempre he
dicho que toda la historia necesita el mismo nivel de mimo y pulido, pero
quizá esto no sea verdad y haga falta algo más al final, porque es donde
todos esperan que cierres y acabes el triple salto mortal de pie, aunque
nunca dieras señales de que debiera ser un triple salto mortal.
Pero bueno. En general, es una serie que funciona muy bien en sus líneas
generales, y su fallo más grande fue mostrar que podía tener más profundidad
cuando en realidad no quería tenerla. Es una gran adaptación que supera al
material original en todo, donde sus 3 personajes principales funcionan y se
echan la serie entera a cuestas, especialmente Antony Starr y su Patriota,
el villano más icónico de la década junto con Thanos, combinando a la
perfección el terror con la comedia. ¿Que si yo te la recomendaría, con todo lo que te he dicho? Bueno, no sé tú, pero mis ojos compuestos captaron esta delicatesen en pandemia y desde entonces mi boca trompetera no ha dejado de comer. ¡Besis marronis!





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