Serie: The Boys.


Oi! ¿Llego tarde? Pues cómeme los huevos. Pensarás que llevo tanto sin escribir porque la vida adulta me ha espachurrado como mosquito bajo pulgar vengativo, pero en realidad ha sido por la presión de ser tan famoso, porque ya me dirás a mí cómo leches gestiono que cada entrada que publico tenga más de 15 visitas. En fin... no es sencillo tener fama para una serie. Vienen las moscas, huelen la mierda y se restregan con ella mientras se masturban pensando en finales perfectos en sus cabezas de adolescentes adultos, luego el final es otro, y esa serie que tanto decían amar es otro fracaso decadente. ¿The Boys? ¡Buf! Igualita a Juego de Tronos, que literalmente acabó con prisas por el desinterés de sus creadores, y eso que su final no es ni la mitad de malo de lo que dicen. Vamos, que cuando alguien pone algo en un pedestal, suele acabar decepcionado, y la mitad de veces la culpa es sólo de ese alguien. La historia de The Boys es la de dos subidas, la de popularidad y la de una aparente profundidad, y dos bajadas, la que se montaron los fans y la herida real que le produjo el éxito.

Hoy no sólo vengo a valorar qué me parece, sino también a aportar algo de contexto para el que aún no lo tenga, porque ese contexto explica muchas cosas. Pero, sólo por ser muy simpático (y, según mi vecina de 95 años, bastante sexy), no diré ni un chiquitajo espóiler porque no hace puta falta. Nada, desempolva ese bate de béisbol con pinchos, la chaqueta ska y la pulserita de Tous, y vamos a dar contundentemente en todos los puntos importantes a una de las series más transformadas en meme de los últimos 5000 años, o quizá más, como desde el nacimiento de tu puta madre.



Ahora puede parecer que las series muchi-millonarias han estado toda la vida, pero hasta anteayer como aquel que dice habían sido la hermana fea y paralítica del cine. ¿Recuerdas Smallville, Anatomía de Grey o Gloryhole Adventures los Power Rangers? Antes todo era muy cutre, se debía hacer lo máximo posible con el presupuesto de tu compra en el súper, y los efectos digitales no estaban muy estandarizados. Hoy en día, y contando con un presupuesto enorme (15 milloncejos por episodio), cada temporada de The Boys ha costado menos de la mitad que una peli equivalente en el cine, durando 3 veces más, así que echa cuentas. Puede permitirse escenas chulas y decorados de buen nivel, pero es inevitable que tenga capítulos de "relleno" donde los protagonistas den vueltas a problemas que no requieren de mucha complicación, o la solución es una mucho más barata que una peleíta to wapa con efectos por todas partes. Quien sabe un mínimo cómo funciona un rodaje, puede captar rápido de esa aura artesanal de las series de antes cómo ha sido grabar entre sus bambalinas, al tiempo que está viendo una muy buena producción, y eso me gusta, pero no es precisamente la fantasía de poder ultra inmersiva que muchos necesitan.


Con una dirección decente y una cinematografía que te consigue alguna que otra imagen chula, lo peor, para mí, es el guion. No hablo de lo que ya te ha contado tu primo Josemari, el que ve un agujero de guion en todas partes, sino de temas técnicos. Por ejemplo, en The Boys todos los personajes dicen lo que sienten, así, de una, como si fueran sus propios psicólogos, y sus arcos de personaje pegan trompicones. O lo que yo peor he llevado, que parece que al acabar una temporada las cosas van a cambiar completamente, y luego el primer capítulo de la siguiente te dice que las cosas han sido diferentes un tiempo, pero te lo vuelve a dejar todo como estaba.

Sí, lo capto, es una historia sobre superhéroes malvados cazados por simples mortales, es ficticio, pero si ya de por sí un guion exige cierta coherencia respecto a la realidad, imagínate uno que la quiere parodiar. Pero ojo, igual que sus personajes son un poco estáticos en la práctica y hablan sin sutilezas, su crítica, su parodia, es lo que mejor funciona y por lo que ha calado a la gente. The Boys se plantea cómo funcionarían los superhéroes en un contexto neocapitalista como el que tenemos hoy, sobre todo en Disparos Unidos, donde, menos respirar (y dales tiempo), todo se monetiza. Es una crítica feroz al capitalismo, los ricos, el fascismo y la instrumentalización de cualquier idea o movimiento, como el LGTB, para ganar pastuqui, y la crítica está muy bien montada, como en el parque temático LGTB de Reina Maeve en un capítulo, aunque luego explote uno de sus trabajadores, las consecuencias sean nulas y haya muerto sólo por el espectáculo. En general podríamos hablar de la falta de consecuencias, pero con la nula memoria que tienen los españoles con el PP, casi es hasta un punto positivo más que habla sobre su realismo.


Pero, conociendo toda la base, es hora de hablar de lo que un youtuber de poca monta habría puesto en el título de su vídeo: que la serie se echó a perder desde que se volvió wouc. ¿Estamos tontos? ¡La serie siempre fue wouc, pero wouc de verdad, haciendo verdadera crítica a cualquier sistema de poder! Su crítica tenía matices y grises, estaba bien, pero al estallar la popularidad de la serie con la segunda temporada, los chicos jóvenes resentidos con mujeres, curiosamente de extrema derecha, obviaron cualquier lectura compleja del temario y empezaron a idolatrar en serio al Patriota/Homelander/Vengador pese a que es el villano obvio de la historia, yo qué sé por qué. Hay moscas muy perturbadas fuera, es algo que todo artista debe asumir, y volverte popular significa que olerán tu mierda.

Así, el director general de la serie, Eric Kripke, que debió dejar las cosas como estaban y dejar que quien no quiere ver, siga ciego, empezó a aplicar cambios en la tercera temporada, más explícitos, donde los protas, aunque son unos capullos integrales, debían acabar cada temporada erigiéndose como adalides de la moral para enseñar a esos patanes que idolatran al villano a quién deben idolatrar realmente. ¡Muy mal, Kripke! El trabajo de un artista es mostrar, no educar, porque cuando abrimos las bocas de los espectadores para suministrarles nuestra papilla, la van a vomitar. Lo único que consiguió fue dividir a la audiencia exactamente igual que como se divide la población de la serie, entre los tontísimos que votaron a Trump y los que tienen algo de sentido común, al margen de lo capullos que sean. Porque sí, la serie va de Trump. Sorpresa. Y si la cosa ya va regular con la moralina, imagina si en la tercera temporada metes capas de profundidad y drama en los personajes que luego las 2 últimas temporadas no van a utilizar. La sensación de decadencia es doble, pero en realidad, mirándolo desde fuera, la calidad siempre fue la misma todo el rato y la sensación de profundidad fue sólo una sensación.

Las chicas meten caña.

El resumen es que, igual que en The Last of Us y otras historias con un mensaje claramente progresista, debían venir los de siempre a soltar su aliento a huevos duros, resentidos porque otra superproducción, curiosamente financiada por Amazon, critica a las grandes empresas y a los que creen que el capitalismo funciona. Eso de que el arte no tiene que entrar en política lo dicen los que saben que van a salir escaldados, y aquí salen escaldados y con argumentos, pero obviamente no es para todo el mundo. Hay bastante sangre y tripas. Y su final está bien, no fue decepcionante, todo lo contrario, pero no dejó de sentirse como "otro final más de temporada", faltándole algo de drama y pulido con algunos aspectos secundarios de la historia, lo que me hizo reflexionar. Siempre he dicho que toda la historia necesita el mismo nivel de mimo y pulido, pero quizá esto no sea verdad y haga falta algo más al final, porque es donde todos esperan que cierres y acabes el triple salto mortal de pie, aunque nunca dieras señales de que debiera ser un triple salto mortal.

Pero bueno. En general, es una serie que funciona muy bien en sus líneas generales, y su fallo más grande fue mostrar que podía tener más profundidad cuando en realidad no quería tenerla. Es una gran adaptación que supera al material original en todo, donde sus 3 personajes principales funcionan y se echan la serie entera a cuestas, especialmente Antony Starr y su Patriota, el villano más icónico de la década junto con Thanos, combinando a la perfección el terror con la comedia. ¿Que si yo te la recomendaría, con todo lo que te he dicho? Bueno, no sé tú, pero mis ojos compuestos captaron esta delicatesen en pandemia y desde entonces mi boca trompetera no ha dejado de comer. ¡Besis marronis!

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